Otros son del suizo.

¿Y qué papel juega Djokovic en todo esto? Es el antihéroe.

Organiza un torneo benéfico en los Balcanes, el Adria Tour, y se salta los protocolos de seguridad y un montón de asistentes dan positivo por coronavirus, incluidos él mismo y su mujer, y Dimitrov, y Coric.

Luego se va a Nueva York, donde no están Nadal ni Federer, y parece aprovechar para abrirse paso. Se suceden los días y el serbio sobrevuela el torneo, avanzando hacia octavos. Convoca una rueda de prensa para hablar de una nueva asociación de tenistas.

Incomprendido

En julio, en el Adria Tour, el serbio se saltó los protocolos de seguridad contra la Covid-19; ahora, ha provocado otro disparate

Dos horas antes de enfrentarse a Carreño, se deja ver: juegan Angelique Kerber y Jennifer Brady –se rinde la primera en dos sets– y en las tribunas del Louis Armstrong Stadium, desiertas, se asoma Djokovic, móvil en mano.

El serbio baila, se filma gesticulando, acaso un vídeo para Instagram, o para Tik Tok, y luego vuelve adentro, que en un rato debe enfrentarse a Pablo Carreño.

Tan bien le van las cosas que, entre bastidores, hay quien se pregunta:

–¿Quién jugará la final?

Y le responden:

–Djokovic contra Djokovic.

El chascarrillo recorre los mentideros